EXPERIENCIA LABORAL I: El tarjetazo.

He aquí mi primera experiencia laboral como Secretaria. Debo indicar, con sinceridad y sin modestia, que fui “recomendada” para entrar en una empresa muy importante, una de las mejores del país, gracias a un favor que alguien le debía a alguien de mi entorno familiar. En ese entonces aún no era una verdadera alternativa para mí el convertirme en secretaria, pero la experiencia, aunque dura, fue trascendental.
Ser la “recomendada” no siempre es tan fácil y maravilloso como se piensa. Acudí a la entrevista con el Gerente Legal el día acordado a la hora fijada, casi al final el Gerente llama a su Secretaria por el interno y le pide que traiga un modelo de contrato, el tono de ella y su repregunta me dieron una idea clara de su incomodidad y hasta, casi puedo afirmar, agresividad. Mientras tanto el Gerente hacía tiempo, hasta que “Blanquita”, su Secretaria, que por cierto no era blanca para nada, retornara con el modelo de contrato. Pasó casi media hora y no había novedad de “Blanquita.” El Gerente insistió con Blanquita, y ella le dio una excusa (que ya no recuerdo) y eso fue todo, pero el hecho es que el Gerente, muy amable y delicado, me indicó que al día siguiente lo tendrían listo para mí y que empezaría a trabajar desde entonces.
No tenía idea de lo que se trataba, pero quería hacerlo y aprender todo lo que se pueda.
Definitivamente, Blanca sabía que venía “la recomendada” y estaba dispuesta a hacerle la vida imposible. Su jefe era amable y agradable, ella era el pitbull que alejaba al resto de su cercanía. Esto me hizo reflexionar, a veces en el mundo laboral nos encontramos con este tipo de “contraste de personalidades” más de una vez, a veces es beneficioso, otras peligroso ya que, al no revelarse tal cual son con el superior, las personas en cargos inferiores (no solamente secretarias) manejan, por debajo de la mesa y a su antojo, las herramientas administrativas que deberían ser potestad del superior o líder y que éste deja desatendidas.
Llegué a la oficina temprano, tenía que esperar que me recibieran. Vi a todos llegar y marcar la entrada; el área legal era un ambiente amplio rodeado de oficinas, 4 en total y en el espacio amplio estaban, alineadas, las secretarias. Era el Área Legal de esta gran empresa, conformada por 4 abogados: entre ellos el Gerente Legal, Asistentes Legales y practicantes. Las secretarias eran 3, Blanca era la Secretaria del Gerente Legal y apoyaba también a la única abogada del equipo, una mujer de carácter tan déspota, frío y pedante como la misma Blanquita, sólo que con mayor poder… y abusaba del mismo sin problemas. A veces es cierto lo que se dice, trabajar con mujeres es más difícil y complicado. ¿Por qué? Bueno, en mi experiencia puedo decir que las razones son relativamente simples y complejas a la vez: complejos de inferioridad que provocan adoptar actitudes de fuerza exagerada, para demostrar “quién manda,” otras la incapacidad de separar los problemas familiares de la vida profesional. Otros casos, más comunes, son los celos profesionales, envidia, rencores infantiles y obsesiones que se suman a personalidades inmaduras, inmaduras incluso para el rol de jefatura de que gozan, tal vez, sin la preparación adecuada.
Estuve reemplazando a la secretaria del abogado de los temas laborales del grupo empresarial. Una persona agradable de trato, un poco desconfiado al inicio, pero de personalidad divertida y conversador cuando tenía confianza. No era tan difícil atenderlo, al mismo tiempo aprendía, todo lo que tenía que consultar lo hacía con una secretaria joven y agradable que estaba a mi costado, ya que Blanca, definitivamente, era agresiva y dejaba claro, incluso frente a mí (aunque fingía que hablaba bajo o en confidencia con las otras), que no quería apoyarme. Era mi primer contacto con el “bullying” o “mobing” laboral y esa mujer lo ejercía muy bien. Cuando la secretaria del abogado volvió, de un largo descanso médico, todo cambió: ya no tenía lugar dónde sentarme, ni máquina para trabajar, me pusieron en el medio de la sala en una pseudo-mesa donde se colocaba la gran máquina electrónica que todavía se tenía allí para el llenado de formularios, cuando se precisaba. La máquina ocupaba todo el pequeño espacio de la mesita, no tenía ni siquiera dónde apoyar un block para escribir, la ubicación era justo debajo de la rejilla de salida de Aire Acondicionado y por supuesto, aunque estábamos en verano, yo moría de frío y estaba siempre con algo abrigador. Debo indicar que mis funciones se vieron afectadas y limitadas a “asuntos sin importancia,” luego comprendí que era Blanca quien comandaba a las otras hasta con la mirada y les prohibía que me enseñaran o que me delegaran tareas. La misión era clara: “que no haga nada y que la saquen porque no es útil.” Un día, llegué a la oficina en medio de una pequeña discusión entre Blanca y algunos de los Asistentes Legales, él decía: “pero está bien si contratan más personas,” Blanca respondió: “¿ustedes no se dan cuenta que si contratan más personas tendremos menos utilidades?”… creo que con esa frase se pintó de cuerpo entero.
Aunque sólo sacaba copias y archivaba documentos en el rotarchivo, me propuse aprender de todo lo que veía, leía y escuchaba. Me parecía que se necesitaba cierta destreza para el desarrollo de las funciones y quería saber si yo podría “masterizarlas.” Llegó una oportunidad, la secretaria del área de Finanzas iba a salir de vacaciones por 1 mes y quería que yo la reemplazara. Era una señora adorable, todo lo contrario a Blanca, muy colaboradora, didáctica y de buen trato. Me presentó a su jefe y pasé con ella toda la mañana hasta el almuerzo, estuve aprendiendo con ella lo que no había aprendido en casi 1 mes en los dominios de Blanca. Al volver del almuerzo, una amiga encargada de otra área se acercó a comunicarnos que: “por decisión de la Gerente General, yo regresaba al área legal y traerían otra persona para el reemplazo,” luego, con señas y voz baja nos dijo que había sido obra de Blanca, que había ido a decirle a la Gerente que era muy peligroso que dejaran a cargo a alguien que “sólo sacaba las copias.” Aunque me sentí muy decepcionada e impotente en ese momento, entiendo ahora que algunas veces no se puede luchar e ir contra la corriente, sólo debemos analizar si la situación realmente “vale la pena” o si es mejor retirarse y conservar la salud mental y profesional.
Un día que llegué temprano a la oficina, tuve oportunidad de hablar con el Gerente Legal, el salió de su oficina a buscar un poco de agua y yo estaba sentada en la mesita sin espacio. Me saludó y me preguntó cómo me estaba yendo, yo aproveché la oportunidad y le conté que estaba decepcionada de esa experiencia, que sólo me permitían sacar copias y que nadie me enseñaba nada y se suponía que mi estadía en esa oficina era para aprender el manejo (según sus propias palabras que quedaron en el aire gracias a Blanquita) Bueno, también es cierto que muchas otras personas se hubieran quedado calladas o habrían mentido para quedar bien y “llevar la fiesta en paz,” pero siempre he pensado que las cosas deben aclararse y deben ser expuestas en el momento correcto, esto es asertividad, el clima laboral es muy importante y las empresas deben cuidarlo, especialmente de aquellas personas conflictivas, que hay en todas las empresas, pero que sólo en algunas alcanzan un poder exorbitante.
Después de eso me pasaron a Planillas, claro, ahora Blanca dio su bendición porque Planillas era un área de bajo presupuesto en comparación con Finanzas y mi trabajo consistía sólo en adjuntar los formatos y cargos de pago de CTS para los trabajadores de todas las empresas del grupo, engraparlos y dejarlos listos para ser enviados por valija a sus destinos en distintas partes del Perú. El ambiente fue mucho mejor, la secretaria del área era joven y muy buena, el jefe de planillas era un tipo “tosco” y poco sociable pero nada más, no usaba las maniobras destructivas de Blanquita. Los demás, dos hombres contadores, eran conversadores y agradables, uno de ellos era muy gracioso. Las tardes allí eran para reír y relajarse, mientras desempeñaba mi trabajo.
Hasta que llegó el momento triunfal para Blanca. Aunque me habían dicho que me iban a renovar el contrato, aunque bajándome el sueldo y yo acepté, me volvieron a llamar para decirme que no podían renovarlo, ya que la persona que estuvo haciendo el reemplazo en Finanzas (como es la vida) había cometido un error que costaba a la empresa el pago de una multa… resulta difícil creer que una empresa tan grande se quede “pobre” por el pago de una multa. Pero, era simplemente la “crónica de una muerte anunciada,” al pasar el tiempo y mientras avanzaba en mi carrera, me pregunté más de una vez qué habría sido de Blanca, sería feliz, conservaría su poder… Lo último que me enteré es que dejó esa empresa y fue a buscar suerte, tal vez de niñera, en USA. Aprendí, también, que cuando no está en nuestras manos la solución de un conflicto lo mejor es no continuar en un ambiente “viciado” porque terminará por afectar nuestra salud mental.
Igual saqué algo muy positivo de esta experiencia laboral, tenía una línea de currículum muy importante, que me serviría para mis futuras contrataciones. Las cosas, definitivamente, pasan por algo, aunque al principio no entendamos la razón, al pasar el tiempo comprendemos y nos damos cuenta que cada paso cuenta y te dirige hacia tu verdadero destino. Por lo tanto, siempre tomemos a las “crisis” como “oportunidades,” sólo con el hecho de entenderlas así, ya tendremos otra actitud frente a los problemas que se nos presenten.

CONOCIENDO EL MUNDO: Aquí comienza la vida…

Al “principio de los tiempos”, tenía muchos sueños en la vida, cuando se es joven siempre creemos que tenemos el Mundo a nuestros pies… o mejor que el “mundo” está allá afuera esperando a ser “conquistado” por nosotros.  Uno a uno esos sueños fueron estrellándose como huevos contra la pared de la Realidad.  Sin embargo, el Mundo era más complejo de lo que mi “mini-mundo,” hasta ese entonces, me mostraba. Los planes para el futuro cambiaron, los motivos fueron muchos: económicos principalmente, sin mucho drama.  En la vida real, hay muchas razones que dejan a una persona sin sus sueños, para esa persona esos hechos o situaciones son dramáticos, pero para el resto del mundo son como el pan de cada día.  Lo cierto es que a veces tener capacidad no es sinónimo de oportunidad… a menos que, con el tiempo y una meta clara, nos abramos paso con uñas y dientes para salir del pozo en el que sin querer caímos (o eso es lo que uno piensa que es). En resumen, la que quería ser doctora, que intentó ser enfermera (como un modesto comienzo), terminó estudiando Secretariado Ejecutivo Computarizado.  Al comienzo me rehusaba a la idea, poco a poco fui aceptándola y, luego de una breve experiencia laboral (de la que hablaremos más adelante), tomé la decisión de estudiar Secretariado, pero cuando tomé esa decisión me puse una condición: “voy a ser la mejor Secretaria.”  A veces, sin pensar, las personas actuamos como recomiendan los libros de superación personal y autoayuda, me plantee una meta a futuro, tenía un objetivo hacia donde apuntaba desde el inicio de mi carrera. Y aquí estamos, en el Instituto de Estudios Superiores que elegí, estudiando Secretariado.  Aquí empiezo a conocer el verdadero mundo, distinto al mío.  Creía que todas las personas tenían vidas parecidas a la mía o mejores… nunca se me ocurrió pensar que existía una alternativa y un gran porcentaje de población que no estaba contemplando. Mis compañeras de clase fueron el primer contacto con la Realidad, desde allí empiezan a caer “los velos” que me cubrían los ojos y que pintaban todo rosa pálido y superficial para transitar en el camino, muy largo y difícil, de entender a los demás con empatía.  Conocí distintos tipos de personas y de cada uno me maravillaba, asombraba, algunas veces aterraba, comprendía y otras juzgaba. Conocí, por ejemplo, a la típica chica joven e ingenua, pero con mucha personalidad, q actúa como la niña de 5 años que dice lo que piensa y hace lo que se le antoja, sin malicia, pero metiéndose en problemas sin siquiera darse cuenta, quedando muchas veces en ridículo y siempre como inadecuada.  Más adelante veremos cómo ciertos “patrones de conducta” se repiten aunque con distintos rostros y realidades sociales.  La frase clave, en el ámbito laboral, para este tipo de persona, es que a veces hay que cuidar mucho la “conducta ejecutiva,” si queremos ser considerados realmente como profesionales empleables. Las personas de perfil bajo, que pasan desapercibidas para el resto, como transparentes… y así se mantienen.  Por lo general, son las mismas que pasan por la vida sin mirar, sin aprender, sin mejorar, sin aspirar. La mujer con determinación y carácter que esconde un secreto a medias, de semblante duro, madre joven y soltera, que hacía a todas creer que había tenido a su hijo a los catorce años porque así ocultaba su verdadera edad, se sentía vieja para empezar una carrera y no quería ser rechazada por las demás, pero aun así lo estaba intentando y tenía aspiraciones, esa capacidad de “reinventarse” vale mucho y dice mucho de la persona que la posee.  Tenía 36 años y su hijo 16, tenía una nueva pareja (que no era el padre de su hijo), él tenía una tienda de repuestos o algo así y al parecer su economía era estable, pero era drogadicto y una vez ella tuvo que tomar la barra de metal (de esas con que se cierran las puertas enrollables de las tiendas) para golpearlo y amenazarlo cuando quería salir a buscar drogas… cuando lo contó se maravillaba ella misma de la fuerza que consiguió no-sabe-dónde, para dominar a un hombre casi tres veces su talla. La chica que aún no sabe tomar decisiones por sí misma, un poco distante, bonita, de familia disfuncional, con una madre trabajadora que era madre y padre y que no estaba con sus hijos la mayor parte del tiempo, pero se encargaba de que nos les faltara nada. Luego, me enteré de su historia: ella estudiaba secretariado como su “última oportunidad” ya que estuvo estudiando Obstetricia y estaba a punto de terminar sus estudios, cuando se enteró de que estaba embarazada.  El padre del bebé era un tipo sin oficio ni beneficio que, por supuesto, su madre no aprobaba.  Entonces, ella tomó una decisión: tendría a su bebé, se iría a vivir con el novio y claro, ya no dependería de su madre ni terminaría los estudios.  Sin embargo, había más drama en todo esto: ella se sentía feliz en su dulce espera, pero no podía obviar su realidad, antes tenía todo lo que necesitaba, ahora hasta pasaba hambre.  El novio, al parecer, sólo trabajaba en cosas eventuales, más adelante se enteró que hasta robaba, y no siempre tenían lo suficiente para vivir.  Una vez, su madre la fue a visitar, cuando ella tenía ya 6 meses de embarazo, la encontró en precarias condiciones y al preguntarle sobre si tenía ya comprado el ajuar para el bebé, cayeron en la cuenta que no tenía nada.  Tal vez, una vez que tuvieran al bebé, no podrían alimentarlo o pensar en su futuro.  Luego de convencer a su hija de volver con ella y “comer, vestirse y vivir como antes” con la condición de que no vuelva a ver al novio nunca más, la madre tomó la decisión…  La llevó a un “médico abortero.”  Este crimen marcó a la hija, quizás más que a la madre, por el resto de su vida.  Sé que es difícil de creer y comprender, pero cuando me contó su Realidad, con ese dolor real y sincero, me puse a pensar: “¿qué habría hecho yo en su situación?”  Dentro de una familia tan estrictamente moralista y conservadora como la mía, ¿qué alternativa habría encontrado? ¿Habría tenido el valor de tomar una decisión definitiva?… No, no puedo hacer otra cosa que comprenderla, porque una cosa es ver una situación difícil y desesperada desde lejos y opinar y criticar las acciones ajenas, otra muy distinta es vivirla en carne propia.  El miedo nos hace tomar malas decisiones o, en su caso, dejar a otro tomar las decisiones por nosotros. La juventud estaba llena de problemas “amorosos,” como aquella chica muy inteligente, que era la delegada del salón.  Ella venía de provincia, se trasladó a Lima para estudiar, arrendaba un cuarto en la casa de unos tíos, sus padres afrontaban todos esos gastos.  Andaba de amoríos con un paisano de ella, el típico galancito de barrio provinciano, trabajaba en Lima en una empresa muy grande, transnacional, pero ya tenía hijos ilegítimos con al menos 3 de sus paisanas y, por supuesto, todo el pueblo lo sabía y los padres de ella desaprobaban que ella anduviera con ese hombre.  Sin embargo, lejos de la tutela paternal, ella hacía lo que quería y lo que no entendía también.  Un día se acercó a mí para pedirme consejo, aceptó que era muy celosa con su “enamorado” ya que él tenía varios asuntos inconclusos por ahí.  El tema que le preocupaba era el siguiente: él le había pedido que buscara un método anticonceptivo.  Para cualquier persona esto sería lo normal e incluso lo inaplazable, para ella el razonamiento era el siguiente: “¿por qué me pide eso?  ¿Acaso conmigo no quiere tener hijos?, ¿acaso está bien tener hijos con medio pueblo, pero conmigo no?”  Claro, traté de hacerle ver el lado lógico del asunto y que entendiera que no sólo era una cuestión que ella debió pensar por sí misma, sin que nadie más se lo sugiriera, sino que además, era imperativo que tomara conciencia de su actitud excesivamente celosa y se replanteara si pretendía tener un futuro con alguien que le hacía sentir tan insegura (y con muchas razones vivientes además)  De ella aprendí que hay que asumir las acciones, que pensar en uno es prioridad y que si no te sientes segura en una relación, como el título de una película, “simplemente no es para ti.” Mucha gente siente miedo o vergüenza de sus propias realidades, se sienten inferiores al resto porque cometieron un error, porque su vida no es perfecta como en las series de televisión de los 60, creen que no merecen la comprensión del resto y poco a poco dejan de sentir su propio valor como personas.  No es así, el mundo es un lugar complejo lleno de historias que contienen éxitos, decepciones y errores.  Aceptar la propia realidad, hacer lo que se pueda para mejorarla por nosotros mismos o simplemente aprender a convivir con quiénes somos son los primeros pasos para emprender el camino que lleva a la Inteligencia Emocional.  De esta manera, tendremos seguridad en nosotros mismos y se demostrará en nuestra manera de hablar, de actual, hasta de caminar… desde mi punto de vista, eso es “empoderarse.”