UN GOLPE DEL DESTINO I: La zona de “confort”

Al llegar a una nueva área, como una promoción laboral, entendí desde el principio que sería un reto. Sin embargo, no estaba preparada para un recibimiento, por decirlo menos, escéptico o, en palabras más sencillas, frío.
Antes de describir el equipo para el que trabajé, debo indicar que aprendí que en este “mundo legal” había una diferencia entre ser profesional, de la especialidad de los jefes, y no serlo, esta categorización te etiquetaba entre “importante” y “transparente” o “sin valor,” dependiendo de la categorización en que te ubicaban.
El equipo estaba conformado por 6 personas, dos eran socios y el resto asociados del bufete: uno de edad avanzada; una buena persona, pero de aquellas que prefieren guardar “distancias” con el personal con quien trabaja, al menos no con quiénes no seamos profesionales como él. El segundo socio, aunque primero en importancia dentro de la firma, era relativamente joven, bien parecido, muy diplomático, manejaba muy bien las relaciones públicas y el marketing personal. En cuanto a los asociados, los describiré de esta manera: Asociado “A” era joven, petulante, no sabía medir sus bromas y casi todas terminaban siendo insultos, en especial aquellas que “lanzaba” a mujeres (profesionales o no), desorganizado y egocéntrico, se rodeaba siempre de los practicantes o asistentes pre-profesionales; Asociada “B” también joven, más joven que yo, soberbia y petulante, respondía el saludo si le daba la gana o si necesitaba algún favor, su rostro esbozaba una sonrisa que no podía disimular cuánto desdén, envidia o animadversión sentía por la persona que tenía al frente… aunque, a veces, ni se molestaba en disimular con sonrisas y se convertía en “basilisco,” bueno, hay gente tan pobre que lo único que tiene es dinero. Asociada “C” era de mi edad, una mujer centrada y con mucho criterio, seria y formal pero agradable y accesible, responsable, muy profesional, era el pedazo de cielo en medio de todo ese “equipo.” Asociado “D” un tipo cincuentón, de esos que escanean a las mujeres de arriba abajo mientras nos hablan y parecen poseer visión de rayos X… y la usan en nosotras!, sin mucho mérito como profesional, sin dominio de la informática (usaba la computadora como una máquina de escribir y prácticamente buscaba el “rodillo” para bajar al siguiente renglón), me pasé toda mi estadía en esa área explicándole, enseñándole y demostrándole cómo se adjunta un archivo a un correo electrónico de Outlook.
El ambiente en ésta nueva área era igual de “auspicioso,” con excepción de Asociada “C” (por supuesto). Después de haber sido elegida la mejor secretaria el año anterior, la actitud de algunos de mis jefes en esta área hacia mí era: “a ver si aquí eres tan buena.” Y parece que estarían dispuestos y comprometidos a que la respuesta sea negativa, a como dé lugar.
Me esforcé por crear un nuevo y mejor sistema de trabajo, organizar la oficina, crear el Directorio de datos virtual y sobretodo, entender a cada uno de mis jefes, de edades, necesidades, ritmos de trabajo y gustos tan diferentes entre sí. Considero que cuando uno se compromete con el trabajo, de buena voluntad, el verdadero esfuerzo no es el desempeño del mismo, sino el enfocarse en el aspecto humano de nuestra gestión como secretarias o asistentes, es decir, conectarnos con nuestros jefes: qué tipo de expectativas tienen de la persona que les apoye, evitar acciones o situaciones que les incomoden, esperar el momento correcto para hablar con ellos de su agenda y tareas del día sin importunarlos, ayudarles en cuestiones cotidianas sin necesidad de que lo pidan antes, adelantarse a sus necesidades o proponer una solución acompañada de alguna situación que se presentó de última hora, solucionar problemas evitándoles encargarse de cuestiones triviales, decidir por ellos (en base a la experiencia anterior) que tipo de asiento prefieren para un vuelo largo o el tipo de alojamiento adecuado para su comodidad durante un viaje de trabajo, aprender a prevenir que no olviden documentación importante cuando se dirigen a una reunión con clientes, contribuir a su buena imagen desde nuestro cargo, tener siempre comentarios positivos sobre su gestión y enaltecer sus cualidades, atender con amabilidad a sus clientes y dejarles la impresión, aun cuando no puedan atenderlos directamente, que ellos siempre devuelven la llamada o que su encargo no ha sido olvidado o dejado de lado y hacer el seguimiento para que esa llamada sea efectivamente devuelta, saber qué tipo de café prefieren, etc. En poco tiempo logré los objetivos principales de una buena Secretaria: Excelencia en el desempeño de mis funciones y conexión, en el aspecto humano, con mis jefes.
Al poco tiempo, aún aquellos de mis jefes que desconfiaban de mis habilidades se vieron favorecidos por ellas, sin descuidar el apoyo y amabilidad para el resto de superiores que solicitaran algún servicio, aun si no eran mis jefes. En pocas palabras, mi desempeño no pasó desapercibido para nadie.
Pasaron más de 2 años de progreso en el terreno laboral, pero de atraso en los ofrecimientos que me hicieron al cambiarme de área. Por ejemplo, me habían asegurado que después de 6 meses mi sueldo sería nivelado a mis pretensiones salariales, sin embargo, esos 6 meses se convirtieron en más de 12 y sólo me entregaban pretextos inconsistentes. Además, mi jefe principal, me ofreció cambiarme de jefe en el caso de Asociado “A” que tenía por deporte ofenderme con sus “bromas” o comentarios subidos de tono y abiertamente sexistas, siempre frente a su séquito de practicantes y asistentes o cualquier otro tipo de público que se riera de sus brutalidades. Ese cambio tampoco llegó… al menos hasta 3 meses antes de mi salida definitiva.
Lo cierto es que me sentía cómoda donde estaba y, aunque los ofrecimientos no se cumplían, yo estaba contenta con el lugar de “importancia” que, según yo, ocupaba en esa oficina para mis jefes y para reforzar mi inacción y permanencia en esa realidad me convencí que no me sería fácil encontrar otra oportunidad laboral. La mente humana es muy poderosa cuando se obnubila, hasta la persona con la autoestima más alta se puede engañar a sí misma… pero no por mucho tiempo. En la siguiente entrega el desenlace de esta historia.

CAMINO A LA EXCELENCIA III: Y fui feliz…

Partiendo de la premisa que todas las experiencias son buenas, debo confirmar, sin que suene a “cliché,” que incluso las más dolorosas ayudan a avanzar y, aunque en el momento no nos demos cuenta, cuando pasa el tiempo valoramos las decepciones o malos ratos como “peldaños necesarios” (aunque lamentables) para seguir subiendo en la escalera de la vida y la excelencia.
Dentro de la experiencia que voy a contar también tuve muy buenos momentos. Empezaré por los buenos.
Me contactaron para hacer un reemplazo en un Bufete Legal, serían 10 días mientras apareciera algo mejor, es lo que me indicó la coordinadora de la Consultora que por ese tiempo me ubicaba en algunas posiciones laborales temporales. Debo confesar que al principio no me agradó mucho la idea. Cuando pensaba en un bufete se me venía a la mente una oficina cargada de papeles y gente con anteojos gruesos, poco sociable y metida en su mundo laboral. Llegué a la entrevista temprano y estuve esperando en una salita improvisada cerca de la puerta de personal. No tenía nada que perder y, como dijo mi coordinadora, era sólo poco tiempo.
Empecé la inducción con la Secretaria que saldría de vacaciones, el ambiente, aunque alejado, no era desagradable como imaginé. Mis jefes temporales eran mujeres, jóvenes, muy agradables. Me sentí muy bien en ese reemplazo, era mi primer acercamiento al “trabajo de mis sueños,” aquel en que te dejan trabajar, no te consideran ciudadana de último orden y siempre escuchas un “por favor” y “gracias” aunque sólo estés haciendo TU TRABAJO.
Me detendré un momento a describir a la Secretaria que reemplacé, ya que aunque fue poco tiempo el que compartimos, aprendí cosas importantes con ella. Es una mujer madura, saliendo de los treinta, casada sin hijos. Tiene un semblante un poco duro, de esos rostros inexpresivos, que parece difícil que sonrían o que demuestren ternura. Sin embargo, era muy profesional, no sabía inglés (era su desventaja), pero el poco tiempo que estuvo conmigo, libre de los temas de inducción y capacitación para el desempeño del remplazo, me dio una gran lección: la importancia de conocer y analizar el entorno laboral. De acuerdo, no es el descubrimiento de la pólvora, es más, creo que la mayoría de las personas analizamos al resto, pero tal vez ese “paradigma” de lo “moralmente correcto” nos impide prestar mucha atención a nuestro análisis… y ella lo decía en “voz alta” tan desinhibidamente que era casi como escuchar LA VERDAD.
Hizo una descripción completa de su ambiente de trabajo. Conocía la personalidad de cada persona que estaba alrededor, que pasaba por su ambiente aunque no trabajara directamente con ella. Describía lo bueno, lo malo, lo sórdido de cada uno y por ende sabía de quién había que cuidarse, a quién había que ignorar y con quién se podía contar. El trabajo se desarrolló sin problemas, es más con tanta calma y buen ambiente entre quienes trabajábamos juntos que hacia el final del periodo de reemplazo mi pensamiento era: “que suerte tiene ella de haber conseguido un empleo donde se trabaja con tranquilidad, con buen ambiente y sin actitudes conflictivas.”
Pasados los 10 días, me pidieron reemplazar a otra Secretaria en el mismo bufete por 1 semana y luego, estuve otra vez en transición. Dos semanas después, recibo una llamada de la asistente administrativa del bufete, la Secretaria que había reemplazado por 10 días había renunciado porque encontró otro trabajo y querían saber si yo estaba interesada en el puesto. Así empezó esta historia, tuve un “periodo de gracia” de casi dos años en esta área. Volví a creer en mi vocación, a confiar en mi capacidad y me sentí protagonista, no actriz secundaria, de este episodio de mi vida.
Es cierto que fuera de esa “burbuja” que era mi área dentro del bufete todo era diferente: las otras secretarias tenían jefes “snob,” pedantes o despreciativos hacia ellas, que nunca las consideraban miembros de sus áreas, sino un apéndice de las mismas. Al cabo de un año, se realizó una evaluación del personal y me eligieron la mejor secretaria del estudio. Me sentí realmente halagada y supe, a ciencia cierta, que todo se debía a la buena química que había logrado con mis jefes y sobre todo al buen ambiente laboral del que gocé mientras estaba con ellas, aunque el premio por esa designación fue nada, el simple reconocimiento valía mucho para mí. No así para el Administrador del bufete, que cuando se reunió conmigo para hablarme del resultado de la evaluación dejó en claro que él tenía otra “favorita” y que no veía de buen agrado mi designación. Entre rabia e impotencia tuve que escuchar frases como esta: “esto tiene su truquito […] los abogados te ven, se hacen la idea de un 8 ó 9 y marcan nomás, pero si yo les preguntara: ¿por qué te han puesto tan alta puntuación en iniciativa? Ellos me van a responder: no sé, no me acuerdo.” “Tú no tenías el mejor puntaje… te ha ayudado tu autoevaluación, porque fulanita tenía buen porcentaje,” claro, “fulanita” era su candidata. Terminó la reunión “felicitándome” por el resultado, pero me quedó claro al salir de esa sala que, aun sin haberlo notado antes, ya tenía un detractor gratuito.
El Administrador del estudio era un personaje digno de describir ya que, tal vez, tiene distintas versiones en todos los centros laborales: alguien que trata a toda costa de “encajar” en los círculos elevados de la empresa, digamos los Socios, aunque era claro que su presencia entre ellos era “intrusiva.” Adulador con sus superiores, prepotente con sus subordinados; de aquellos que creen que afianzar su autoridad significa hablarle al resto con ínfulas de “patrón” o “capataz” de hacienda. Sin embargo, frente a sus jefes no tiene en el menor reparo en arrastrarse a sus pies. Para él, en el cargo de administrador de personal, no era importante la calidad del trabajo o el aporte de cada uno de los miembros del personal administrativo, su instrumento de medida era simple: si se quedan fuera del horario de trabajo, entonces son “capaces” y “trabajadores,” era suficiente para él. Su Secretaria favorita, por supuesto, se quedaba fuera de hora para “archivar,” para que el asistente de soporte informático le enseñe cómo usar Word o Excel ya que ella no tenía buen manejo de las herramientas de informática y dejaba pendientes las cosas que no sabía manejar durante el día, o para organizar la reunión de un grupo que se quedaría a ver algún partido de “futbol” importante… es decir, era “capaz” y “trabajadora” y por eso merecía el reconocimiento mejor que nadie. Bueno, no existe el trabajo perfecto.
Volviendo a mi burbuja, me sentía tan bien trabajando allí, mis jefas pasaron de la amabilidad y cordialidad cotidiana a convertirse en mis amigas, en algunos casos, esa amistad se conserva todavía y son realmente importantes en mi vida hasta el día de hoy. Tenía ganas de volver los lunes, me sentía más importante en esa oficina que en cualquier otro rol de mi vida, de ese entonces… mi mundo estaba allí de lunes a viernes durante 8 horas diarias. Por supuesto, les conté a mis jefas mi entrevista con el Administrador, me expresaron su simpatía y comprensión por los desatinados comentarios de esa “autoridad,” y entendí que con ellas no sólo tenía un buen ambiente laboral, sino que además, estaría protegida si se presentaba la ocasión.
Al año siguiente, llegó una promoción que a la larga fue mi “Waterloo.” Me promovieron a otra área. Sí, me sacaban del área donde era feliz para entrar a otra de mayor peso y donde trabajaría con un equipo de abogados más grande y entre ellos había socios principales del bufete. Habían despedido a su Secretaria de muchos años y de un día para el otro yo estaba allí en esta nueva realidad y con un equipo de trabajo que me miraba con recelo y desconfianza. Esa historia completa, será parte del siguiente capítulo.

CAMINO A LA EXCELENCIA II: Es cuestión de Ambiente

Me doy cuenta que hasta aquí no he escrito sobre mi propia percepción de mi carrera y como me siento en ella. Si bien es cierto que tomé la decisión entre muchas dudas, al poco tiempo supe que “Dios escribe derecho en líneas torcidas” y que estoy donde siempre quise estar. Para mí, el trabajo secretarial es ecléctico, completo, desarrolla más habilidades que otras profesiones, permite realizar mi sueño de ser “protagonista” de mi historia laboral y, tal vez, con acciones pequeñas pero satisfactorias al final de cada día, siento que “puedo dominar el mundo” en 8 horas, 5 días a la semana. El dinero no es mi motivación, aunque en el camino éste ha llegado solo. Mi principal motivación es sentirme bien en el lugar donde trabajo: importante, considerada, respetada, tener plena confianza en que apoyo a un EQUIPO HUMANO y que cuando lo necesite, ese mismo equipo me apoyará en retribución. Leí un artículo, no hace mucho, que trataba sobre la tendencia a considerar que “el trabajador merece una ‘remuneración emocional’.” Tal vez esa sea una gran respuesta para mí.
Cierto, me gusta mi trabajo, especialmente desde que descubrí la modalidad de Asistente o Secretaria de Gerencia, es decir ese nivel en el que se tiene cierta autonomía y mayores responsabilidades como la toma de decisiones, manejo y conservación de contactos, gestión efectiva de procesos y acciones unipersonales y en equipo para el logro de objetivos, podemos, incluso, manejar la imagen de nuestros jefes desde nuestra posición, etc. La pieza más pequeña dentro del “engranaje” de una oficina es, tal vez, la que permite que la “máquina empresarial” funcione como reloj… pero, es mejor que sigan pensando que son nuestros jefes los más importantes.
He mencionado anteriormente cómo, en mi experiencia laboral, he visto varios casos de profesionales que sólo se enfocan en una función específica de su carrera y son, digamos, inútiles para otras actividades, desde las más sencillas como establecer contacto telefónico efectivo con un cliente, hasta complejas como hacer una reingeniería de los procesos empleados para desarrollar su trabajo con eficacia. Sin embargo, en el campo secretarial, hoy en día se buscan mayores y mejores competencias, el mundo laboral es más exigente a la hora de describir el perfil requerido para una Asistente o Secretaria. ¡Bienvenida la exigencia!
La capacitación es importante: los cursos de Gestión Empresarial (o Asistencia de Gerencia), el dominar idiomas (principalmente el inglés), la imagen personal y ejecutiva (tan importante como los anteriores ya que ser asistente o secretaria es sinónimo de Imagen de la compañía), dominio de herramientas informáticas y aplicaciones que permitan solucionar situaciones y simplificar procesos, etc. Así lo entendí yo… y me dio muy buenos resultados invertir en mi propia capacitación para lograr mi objetivo principal: ser la mejor secretaria… y de paso lograr mejores ingresos y posiciones.
He tenido la oportunidad de pasar por ambientes laborales que han alentado ese deseo de mejorar y de entregar valor agregado al trabajo diario, aunque también debo indicar que sigo buscando el lugar que no sólo impulse una mejora, sino, que también retribuya salarialmente lo suficiente para costearla. De uno de esos ambientes hablaré en este espacio.
Esta es una empresa de importación, comercialización y soporte técnico de equipos de tecnología de información, de laboratorio minero, equipos médicos, etc. Una “empresa familiar” que abarcaba distintas ramas de negocios. El personal estaba conformado por vendedores profesionales, ingenieros, técnicos, secretarias y las gerencias ocupadas por los dueños del grupo empresarial. El ambiente laboral era de lo mejor, había camaradería entre todos los niveles, era realmente como una familia y siempre nos sentíamos bien al compartir tiempo juntos, sea por el cumpleaños de algún compañero o en alguna reunión fuera de la oficina. Era fácil demostrar tus habilidades y, al no ser una empresa gigante, también era fácil que los superiores tomaran nota de la performance de los trabajadores. Es aquí que aprendí que una Secretaria de Gerencia tiene responsabilidades mayores, aunque parezca que tienen menos funciones, y que eso era realmente lo que yo quería de mi carrera. Llegué a desempeñarme como Asistente de Gerencia de Marketing, aprendí mucho de esa experiencia y desarrollé habilidades que me han acompañado desde entonces hasta el día de hoy. La principal de ellas: la confianza en mí misma y en mi capacidad de resolver problemas.
La tranquilidad que se logra en ambientes como este es beneficiosa, no sólo para aprender del día a día y dar un plus sin que sintamos que estamos “esforzándonos” de más, sino, también, para cultivar el deseo de avanzar, de emprender cosas nuevas, como capacitarse. Es decir, al final del día no te sientes “tan rendida” que sólo quieres llegar a casa y descansar. Al final del día, sientes energía que quieres aprovechar, invertir en ti misma. Hay personas que tienen la mentalidad: “si la empresa quiere que me capacite, que ellos me paguen los estudios”… y así, terminan sin capacitación, sin avanzar y, en algunos casos, poco tiempo después… sin empleo. La capacitación es una inversión que nos favorece primero a nosotras mismas, segundo a nosotras mismas y tercero a la empresa donde estemos laborando en el momento.
Hubieron muchos motivos para estar allí, pero también algunos para volver al camino y seguir en la búsqueda de una mejora laboral: mi sueldo no me permitía capacitarme y, aunque mis superiores tomaron nota de mis habilidades no estuvieron dispuestos a mejorar nuestra relación laboral porque dieron por sentado que nadie intentaría salir en época de recesión económica, y fue así que después de aprender todo lo que pude, decidí buscar nuevos horizontes. Gracias a mi “camino andado”, he podido crear mi propia idea del Trabajo Ideal, una pregunta que se está convirtiendo en frecuente en las entrevistas de trabajo, ¿cuál sería tu trabajo ideal? Rpta.: Aquel que implique un reto, que me permita CREAR y ORGANIZAR mi espacio y sistema, con un mínimo de autonomía (como en el capítulo 3), dónde se viva un ambiente real de colaboración y camaradería o compañerismo entre todos los niveles sin diferenciación exagerada de “rangos” ya que todos trabajamos para la misma empresa y somos importantes, sea cual sea nuestro cargo, y contribuimos al logro de objetivos (sino, no estaríamos allí!), aquel que me retribuya económicamente lo suficientemente bien como para poder cumplir con mis responsabilidades familiares y personales y mi necesidad de capacitación, que se traduce en deseo de progreso y oportunidades. Yo lo seguiré buscando, porque sé que allá afuera existe y ya estoy cerca!

CAMINO A LA EXCELENCIA I: Role Models

En el camino he tenido la suerte de conocer personas maravillosas, que aportaron a mi vida personal y laboral las herramientas para desarrollarme en distintos aspectos. Jefes de los que aprendí mucho y a quiénes admiré, colegas que con su organización y visión transformaron mi percepción de la importancia de mi propio trabajo y cómo desarrollarlo cada vez mejor, amigos que con una visión objetiva y una actitud positiva cambiaron mi percepción y posición ante los problemas… en pocas palabras, gente que me guio y me enseñó por donde queda el camino a la Excelencia.
Una de esas personas, tal vez la más importante, es mi amiga y colega Ana María. Una mujer excelente: inteligente, organizada, responsable, trabajadora, que se adelantaba siempre a las necesidades, pero sobretodo, que no tenía miedo de compartir su experiencia y habilidades. Esto es importante remarcarlo, ya que también he visto muchas personas para las que es claro que compartir no es una opción en el mundo laboral. Por lo general, no son los más hábiles y tal vez no tengan muchas habilidades o lo que sepan sea lo básico operativo y no realmente una herramienta para lograr el éxito profesional, pero es como si para ellos el hecho de capacitar a un personal nuevo significara desprenderse de parte de su sueldo, o tal vez… de su puesto.
La conocí cuando hice un reemplazo en el Consultorio Médico donde ella trabajaba, había dos turnos y yo haría el turno de la tarde, en el lugar de la Secretaria que hacía el segundo turno. Ana María estaba en el turno de la mañana, coincidíamos por un par de horas. Ella tenía esa amabilidad profesional que yo quería imitar: formal, amable y segura de sí misma. Empezó dándome algunos consejos para el desempeño del reemplazo, para el mejor manejo del trabajo compartido. Luego, cuando nos conocimos mejor y nos hicimos amigas, compartía conmigo sus pequeños tips para trabajar, a veces eran cosas muy simples, pero hacían una diferencia en la presentación del trabajo final. Si alguien ha oído hablar del “Kaizen” y las “5 S,” entonces sabe el tipo de trabajo que desarrolla alguien como Ana María. Para quienes aún no tienen conocimiento de estas teorías japonesas o si no las recuerdan, ellas hablan del Cambio para Mejorar, es decir, la idea de que siempre hay mejores maneras de hacer las cosas (aprendizaje constante); las técnicas de trabajo: Clasificación, Orden, Limpieza, Mantenimiento y Disciplina que se deben aplicar a todos los roles de nuestra vida: personal, profesional y social.
No hace mucho escuché a alguien joven, economista profesional, referirse a un proceso de trabajo de la siguiente manera: “siempre se ha hecho así, ‘X’ lo hacía así y nosotros lo seguimos haciendo igual,” sentí vergüenza ajena de que alguien, supuestamente más preparado, tenga una visión tan limitada de lo que significa el desempeño laboral.
Retornando a Ana María, se convirtió, tal vez sin saberlo hasta el día de hoy, en mi Mentora Laboral. Ella trabajaba Bien, así con mayúscula; sin embargo, sus empleadores no apreciaban su valor real. A veces se menosprecia el trabajo de una Asistente o Secretaria por el hecho de considerarnos como “no profesionales,” es decir, sin título universitario. Lamentablemente, Ana María no encontró el apoyo que su desempeño merecía, ella tenía aspiraciones, necesidades familiares (era divorciada con hijos en edad universitaria) y, por qué no, engreimientos personales que no podía satisfacer con lo poco que ganaba y el escaso tiempo de que disponía. Le dio años de trabajo de calidad y de su vida a un empleo que no daría por ella otra cosa que un sueldo mensual insatisfactorio. ¿Vale la pena continuar una relación laboral con una empresa que no valora ni ofrece oportunidades de progreso a sus colaboradores?
En muchas empresas, al inicio de mi vida laboral, vi ejemplos de esa mentalidad retrógrada que considera que “el trabajador debe estar agradecido por la oportunidad laboral que la empresa le brinda” y por lo tanto, la empresa ya hizo suficiente por él, o tal vez esta otra frase, a veces tácita, otras explícita, que considera que “el trabajador no se va ir… porque no encontrará a donde,” en consecuencia, analizando esta ideología, el trabajador no sólo es considerado de bajo nivel, sino que encima tiene que bailar al ritmo que le toquen sin reclamar. Ana María entraba a trabajar a las 7:30 am., a las 2pm salía en dirección a su segundo trabajo, donde su turno se extendía hasta las 9 pm. En su primer trabajo, el Consultorio Médico, ella era quién mantenía la organización “andando,” su compañera de la tarde, una mujer agradable, muy conversadora, cuya personalidad podría describir como “una castañuela,” era todo lo contrario; tenía poco sentido de organización, para ella el trabajo era “hacer lo estrictamente necesario y que no implique realizar un esfuerzo adicional,” un tipo de mentalidad que es el común denominador en muchas personas hoy en día.
Siempre he pensado que cada quién “conserva” su puesto de trabajo como puede: algunos se convierten en aduladores de los jefes, otros en “Miss” o “Mr. Personality” y se rodean de muchos amigos que, por supuesto, se convierten en cartas bajo la manga para solapar su pobre desempeño laboral, otros se apoderan de alguna “bomba” que a otros no les conviene que estalle, y otros pocos ganan su puesto con su trabajo. ¿Cuál es el tipo de trabajador que a la empresa le interesa conservar? ¿Saben las empresas, o los reclutadores, identificar los diferentes tipos de trabajador a través de sus procesos de selección? ¿Se hace un seguimiento al desempeño del trabajador una vez contratado? Se ha puesto de moda la “retención del talento,” sin embargo, los talentos siguen huyendo de empresas dónde, lamentablemente, quienes se quedan o quiénes siempre estuvieron, son los tipos de trabajadores como los que acabo de describir. Esta es la cruda verdad.
Hoy los tiempos están cambiando, pero aún estamos “verdes” en cuanto a “retención del talento” se refiere. Las empresas deben entender las necesidades y aspiraciones del trabajador para poder ofrecer una verdadera mejora que haga posible la continuidad de la relación laboral. Esas necesidades y aspiraciones son distintas en cada nivel y así deben ser analizadas y entendidas. Está fuera de la realidad actual que se considere que una Asistente o Secretaria aspira a una caja de chocolates sobre su escritorio como idea de progreso o de motivación laboral. A los empleadores les queda como tarea identificar, con intención sincera y no sólo por salir de una tarea tediosa, cuáles son las motivaciones de su personal para poder retener a quiénes consideren valiosos.
El caso de Ana María, aunque no sea el ideal de quiénes aspiran a desarrollar un trabajo de excelencia, sea cual sea su área laboral, nos enseña que no sólo debemos dar nuestro mejor esfuerzo y aprender todo lo que podamos en nuestros trabajos siempre, sino que también es importante analizar si estamos en el lugar adecuado para desempeñarlo o si es momento de dejar nuestra “zona de confort” y aventurarnos a ese mundo de oportunidades y nuevos conocimientos que está allá afuera… claro, no siempre será color de rosa, pero hasta que encontremos el lugar que nos reciba con los brazos abiertos, aprenderemos mucho en el camino. En mi experiencia personal, puedo asegurar que siempre es para mejorar.
Ana María es la persona que me dio ejemplo de buena performance ejecutiva. Aprecio mucho el haberla encontrado en mi vida, el que seamos amigas hasta el día de hoy y que entienda mis locuras y desaciertos, como tal vez nadie más lo haría, aunque a veces no los comparta y me dé su opinión sincera y sin maquillajes absurdos cuando así lo amerite. Dedico a Ana María y a todas las personas valiosas como ella este capítulo.

EXPERIENCIA LABORAL I: El tarjetazo.

He aquí mi primera experiencia laboral como Secretaria. Debo indicar, con sinceridad y sin modestia, que fui “recomendada” para entrar en una empresa muy importante, una de las mejores del país, gracias a un favor que alguien le debía a alguien de mi entorno familiar. En ese entonces aún no era una verdadera alternativa para mí el convertirme en secretaria, pero la experiencia, aunque dura, fue trascendental.
Ser la “recomendada” no siempre es tan fácil y maravilloso como se piensa. Acudí a la entrevista con el Gerente Legal el día acordado a la hora fijada, casi al final el Gerente llama a su Secretaria por el interno y le pide que traiga un modelo de contrato, el tono de ella y su repregunta me dieron una idea clara de su incomodidad y hasta, casi puedo afirmar, agresividad. Mientras tanto el Gerente hacía tiempo, hasta que “Blanquita”, su Secretaria, que por cierto no era blanca para nada, retornara con el modelo de contrato. Pasó casi media hora y no había novedad de “Blanquita.” El Gerente insistió con Blanquita, y ella le dio una excusa (que ya no recuerdo) y eso fue todo, pero el hecho es que el Gerente, muy amable y delicado, me indicó que al día siguiente lo tendrían listo para mí y que empezaría a trabajar desde entonces.
No tenía idea de lo que se trataba, pero quería hacerlo y aprender todo lo que se pueda.
Definitivamente, Blanca sabía que venía “la recomendada” y estaba dispuesta a hacerle la vida imposible. Su jefe era amable y agradable, ella era el pitbull que alejaba al resto de su cercanía. Esto me hizo reflexionar, a veces en el mundo laboral nos encontramos con este tipo de “contraste de personalidades” más de una vez, a veces es beneficioso, otras peligroso ya que, al no revelarse tal cual son con el superior, las personas en cargos inferiores (no solamente secretarias) manejan, por debajo de la mesa y a su antojo, las herramientas administrativas que deberían ser potestad del superior o líder y que éste deja desatendidas.
Llegué a la oficina temprano, tenía que esperar que me recibieran. Vi a todos llegar y marcar la entrada; el área legal era un ambiente amplio rodeado de oficinas, 4 en total y en el espacio amplio estaban, alineadas, las secretarias. Era el Área Legal de esta gran empresa, conformada por 4 abogados: entre ellos el Gerente Legal, Asistentes Legales y practicantes. Las secretarias eran 3, Blanca era la Secretaria del Gerente Legal y apoyaba también a la única abogada del equipo, una mujer de carácter tan déspota, frío y pedante como la misma Blanquita, sólo que con mayor poder… y abusaba del mismo sin problemas. A veces es cierto lo que se dice, trabajar con mujeres es más difícil y complicado. ¿Por qué? Bueno, en mi experiencia puedo decir que las razones son relativamente simples y complejas a la vez: complejos de inferioridad que provocan adoptar actitudes de fuerza exagerada, para demostrar “quién manda,” otras la incapacidad de separar los problemas familiares de la vida profesional. Otros casos, más comunes, son los celos profesionales, envidia, rencores infantiles y obsesiones que se suman a personalidades inmaduras, inmaduras incluso para el rol de jefatura de que gozan, tal vez, sin la preparación adecuada.
Estuve reemplazando a la secretaria del abogado de los temas laborales del grupo empresarial. Una persona agradable de trato, un poco desconfiado al inicio, pero de personalidad divertida y conversador cuando tenía confianza. No era tan difícil atenderlo, al mismo tiempo aprendía, todo lo que tenía que consultar lo hacía con una secretaria joven y agradable que estaba a mi costado, ya que Blanca, definitivamente, era agresiva y dejaba claro, incluso frente a mí (aunque fingía que hablaba bajo o en confidencia con las otras), que no quería apoyarme. Era mi primer contacto con el “bullying” o “mobing” laboral y esa mujer lo ejercía muy bien. Cuando la secretaria del abogado volvió, de un largo descanso médico, todo cambió: ya no tenía lugar dónde sentarme, ni máquina para trabajar, me pusieron en el medio de la sala en una pseudo-mesa donde se colocaba la gran máquina electrónica que todavía se tenía allí para el llenado de formularios, cuando se precisaba. La máquina ocupaba todo el pequeño espacio de la mesita, no tenía ni siquiera dónde apoyar un block para escribir, la ubicación era justo debajo de la rejilla de salida de Aire Acondicionado y por supuesto, aunque estábamos en verano, yo moría de frío y estaba siempre con algo abrigador. Debo indicar que mis funciones se vieron afectadas y limitadas a “asuntos sin importancia,” luego comprendí que era Blanca quien comandaba a las otras hasta con la mirada y les prohibía que me enseñaran o que me delegaran tareas. La misión era clara: “que no haga nada y que la saquen porque no es útil.” Un día, llegué a la oficina en medio de una pequeña discusión entre Blanca y algunos de los Asistentes Legales, él decía: “pero está bien si contratan más personas,” Blanca respondió: “¿ustedes no se dan cuenta que si contratan más personas tendremos menos utilidades?”… creo que con esa frase se pintó de cuerpo entero.
Aunque sólo sacaba copias y archivaba documentos en el rotarchivo, me propuse aprender de todo lo que veía, leía y escuchaba. Me parecía que se necesitaba cierta destreza para el desarrollo de las funciones y quería saber si yo podría “masterizarlas.” Llegó una oportunidad, la secretaria del área de Finanzas iba a salir de vacaciones por 1 mes y quería que yo la reemplazara. Era una señora adorable, todo lo contrario a Blanca, muy colaboradora, didáctica y de buen trato. Me presentó a su jefe y pasé con ella toda la mañana hasta el almuerzo, estuve aprendiendo con ella lo que no había aprendido en casi 1 mes en los dominios de Blanca. Al volver del almuerzo, una amiga encargada de otra área se acercó a comunicarnos que: “por decisión de la Gerente General, yo regresaba al área legal y traerían otra persona para el reemplazo,” luego, con señas y voz baja nos dijo que había sido obra de Blanca, que había ido a decirle a la Gerente que era muy peligroso que dejaran a cargo a alguien que “sólo sacaba las copias.” Aunque me sentí muy decepcionada e impotente en ese momento, entiendo ahora que algunas veces no se puede luchar e ir contra la corriente, sólo debemos analizar si la situación realmente “vale la pena” o si es mejor retirarse y conservar la salud mental y profesional.
Un día que llegué temprano a la oficina, tuve oportunidad de hablar con el Gerente Legal, el salió de su oficina a buscar un poco de agua y yo estaba sentada en la mesita sin espacio. Me saludó y me preguntó cómo me estaba yendo, yo aproveché la oportunidad y le conté que estaba decepcionada de esa experiencia, que sólo me permitían sacar copias y que nadie me enseñaba nada y se suponía que mi estadía en esa oficina era para aprender el manejo (según sus propias palabras que quedaron en el aire gracias a Blanquita) Bueno, también es cierto que muchas otras personas se hubieran quedado calladas o habrían mentido para quedar bien y “llevar la fiesta en paz,” pero siempre he pensado que las cosas deben aclararse y deben ser expuestas en el momento correcto, esto es asertividad, el clima laboral es muy importante y las empresas deben cuidarlo, especialmente de aquellas personas conflictivas, que hay en todas las empresas, pero que sólo en algunas alcanzan un poder exorbitante.
Después de eso me pasaron a Planillas, claro, ahora Blanca dio su bendición porque Planillas era un área de bajo presupuesto en comparación con Finanzas y mi trabajo consistía sólo en adjuntar los formatos y cargos de pago de CTS para los trabajadores de todas las empresas del grupo, engraparlos y dejarlos listos para ser enviados por valija a sus destinos en distintas partes del Perú. El ambiente fue mucho mejor, la secretaria del área era joven y muy buena, el jefe de planillas era un tipo “tosco” y poco sociable pero nada más, no usaba las maniobras destructivas de Blanquita. Los demás, dos hombres contadores, eran conversadores y agradables, uno de ellos era muy gracioso. Las tardes allí eran para reír y relajarse, mientras desempeñaba mi trabajo.
Hasta que llegó el momento triunfal para Blanca. Aunque me habían dicho que me iban a renovar el contrato, aunque bajándome el sueldo y yo acepté, me volvieron a llamar para decirme que no podían renovarlo, ya que la persona que estuvo haciendo el reemplazo en Finanzas (como es la vida) había cometido un error que costaba a la empresa el pago de una multa… resulta difícil creer que una empresa tan grande se quede “pobre” por el pago de una multa. Pero, era simplemente la “crónica de una muerte anunciada,” al pasar el tiempo y mientras avanzaba en mi carrera, me pregunté más de una vez qué habría sido de Blanca, sería feliz, conservaría su poder… Lo último que me enteré es que dejó esa empresa y fue a buscar suerte, tal vez de niñera, en USA. Aprendí, también, que cuando no está en nuestras manos la solución de un conflicto lo mejor es no continuar en un ambiente “viciado” porque terminará por afectar nuestra salud mental.
Igual saqué algo muy positivo de esta experiencia laboral, tenía una línea de currículum muy importante, que me serviría para mis futuras contrataciones. Las cosas, definitivamente, pasan por algo, aunque al principio no entendamos la razón, al pasar el tiempo comprendemos y nos damos cuenta que cada paso cuenta y te dirige hacia tu verdadero destino. Por lo tanto, siempre tomemos a las “crisis” como “oportunidades,” sólo con el hecho de entenderlas así, ya tendremos otra actitud frente a los problemas que se nos presenten.

CONOCIENDO EL MUNDO: Aquí comienza la vida…

Al “principio de los tiempos”, tenía muchos sueños en la vida, cuando se es joven siempre creemos que tenemos el Mundo a nuestros pies… o mejor que el “mundo” está allá afuera esperando a ser “conquistado” por nosotros.  Uno a uno esos sueños fueron estrellándose como huevos contra la pared de la Realidad.  Sin embargo, el Mundo era más complejo de lo que mi “mini-mundo,” hasta ese entonces, me mostraba. Los planes para el futuro cambiaron, los motivos fueron muchos: económicos principalmente, sin mucho drama.  En la vida real, hay muchas razones que dejan a una persona sin sus sueños, para esa persona esos hechos o situaciones son dramáticos, pero para el resto del mundo son como el pan de cada día.  Lo cierto es que a veces tener capacidad no es sinónimo de oportunidad… a menos que, con el tiempo y una meta clara, nos abramos paso con uñas y dientes para salir del pozo en el que sin querer caímos (o eso es lo que uno piensa que es). En resumen, la que quería ser doctora, que intentó ser enfermera (como un modesto comienzo), terminó estudiando Secretariado Ejecutivo Computarizado.  Al comienzo me rehusaba a la idea, poco a poco fui aceptándola y, luego de una breve experiencia laboral (de la que hablaremos más adelante), tomé la decisión de estudiar Secretariado, pero cuando tomé esa decisión me puse una condición: “voy a ser la mejor Secretaria.”  A veces, sin pensar, las personas actuamos como recomiendan los libros de superación personal y autoayuda, me plantee una meta a futuro, tenía un objetivo hacia donde apuntaba desde el inicio de mi carrera. Y aquí estamos, en el Instituto de Estudios Superiores que elegí, estudiando Secretariado.  Aquí empiezo a conocer el verdadero mundo, distinto al mío.  Creía que todas las personas tenían vidas parecidas a la mía o mejores… nunca se me ocurrió pensar que existía una alternativa y un gran porcentaje de población que no estaba contemplando. Mis compañeras de clase fueron el primer contacto con la Realidad, desde allí empiezan a caer “los velos” que me cubrían los ojos y que pintaban todo rosa pálido y superficial para transitar en el camino, muy largo y difícil, de entender a los demás con empatía.  Conocí distintos tipos de personas y de cada uno me maravillaba, asombraba, algunas veces aterraba, comprendía y otras juzgaba. Conocí, por ejemplo, a la típica chica joven e ingenua, pero con mucha personalidad, q actúa como la niña de 5 años que dice lo que piensa y hace lo que se le antoja, sin malicia, pero metiéndose en problemas sin siquiera darse cuenta, quedando muchas veces en ridículo y siempre como inadecuada.  Más adelante veremos cómo ciertos “patrones de conducta” se repiten aunque con distintos rostros y realidades sociales.  La frase clave, en el ámbito laboral, para este tipo de persona, es que a veces hay que cuidar mucho la “conducta ejecutiva,” si queremos ser considerados realmente como profesionales empleables. Las personas de perfil bajo, que pasan desapercibidas para el resto, como transparentes… y así se mantienen.  Por lo general, son las mismas que pasan por la vida sin mirar, sin aprender, sin mejorar, sin aspirar. La mujer con determinación y carácter que esconde un secreto a medias, de semblante duro, madre joven y soltera, que hacía a todas creer que había tenido a su hijo a los catorce años porque así ocultaba su verdadera edad, se sentía vieja para empezar una carrera y no quería ser rechazada por las demás, pero aun así lo estaba intentando y tenía aspiraciones, esa capacidad de “reinventarse” vale mucho y dice mucho de la persona que la posee.  Tenía 36 años y su hijo 16, tenía una nueva pareja (que no era el padre de su hijo), él tenía una tienda de repuestos o algo así y al parecer su economía era estable, pero era drogadicto y una vez ella tuvo que tomar la barra de metal (de esas con que se cierran las puertas enrollables de las tiendas) para golpearlo y amenazarlo cuando quería salir a buscar drogas… cuando lo contó se maravillaba ella misma de la fuerza que consiguió no-sabe-dónde, para dominar a un hombre casi tres veces su talla. La chica que aún no sabe tomar decisiones por sí misma, un poco distante, bonita, de familia disfuncional, con una madre trabajadora que era madre y padre y que no estaba con sus hijos la mayor parte del tiempo, pero se encargaba de que nos les faltara nada. Luego, me enteré de su historia: ella estudiaba secretariado como su “última oportunidad” ya que estuvo estudiando Obstetricia y estaba a punto de terminar sus estudios, cuando se enteró de que estaba embarazada.  El padre del bebé era un tipo sin oficio ni beneficio que, por supuesto, su madre no aprobaba.  Entonces, ella tomó una decisión: tendría a su bebé, se iría a vivir con el novio y claro, ya no dependería de su madre ni terminaría los estudios.  Sin embargo, había más drama en todo esto: ella se sentía feliz en su dulce espera, pero no podía obviar su realidad, antes tenía todo lo que necesitaba, ahora hasta pasaba hambre.  El novio, al parecer, sólo trabajaba en cosas eventuales, más adelante se enteró que hasta robaba, y no siempre tenían lo suficiente para vivir.  Una vez, su madre la fue a visitar, cuando ella tenía ya 6 meses de embarazo, la encontró en precarias condiciones y al preguntarle sobre si tenía ya comprado el ajuar para el bebé, cayeron en la cuenta que no tenía nada.  Tal vez, una vez que tuvieran al bebé, no podrían alimentarlo o pensar en su futuro.  Luego de convencer a su hija de volver con ella y “comer, vestirse y vivir como antes” con la condición de que no vuelva a ver al novio nunca más, la madre tomó la decisión…  La llevó a un “médico abortero.”  Este crimen marcó a la hija, quizás más que a la madre, por el resto de su vida.  Sé que es difícil de creer y comprender, pero cuando me contó su Realidad, con ese dolor real y sincero, me puse a pensar: “¿qué habría hecho yo en su situación?”  Dentro de una familia tan estrictamente moralista y conservadora como la mía, ¿qué alternativa habría encontrado? ¿Habría tenido el valor de tomar una decisión definitiva?… No, no puedo hacer otra cosa que comprenderla, porque una cosa es ver una situación difícil y desesperada desde lejos y opinar y criticar las acciones ajenas, otra muy distinta es vivirla en carne propia.  El miedo nos hace tomar malas decisiones o, en su caso, dejar a otro tomar las decisiones por nosotros. La juventud estaba llena de problemas “amorosos,” como aquella chica muy inteligente, que era la delegada del salón.  Ella venía de provincia, se trasladó a Lima para estudiar, arrendaba un cuarto en la casa de unos tíos, sus padres afrontaban todos esos gastos.  Andaba de amoríos con un paisano de ella, el típico galancito de barrio provinciano, trabajaba en Lima en una empresa muy grande, transnacional, pero ya tenía hijos ilegítimos con al menos 3 de sus paisanas y, por supuesto, todo el pueblo lo sabía y los padres de ella desaprobaban que ella anduviera con ese hombre.  Sin embargo, lejos de la tutela paternal, ella hacía lo que quería y lo que no entendía también.  Un día se acercó a mí para pedirme consejo, aceptó que era muy celosa con su “enamorado” ya que él tenía varios asuntos inconclusos por ahí.  El tema que le preocupaba era el siguiente: él le había pedido que buscara un método anticonceptivo.  Para cualquier persona esto sería lo normal e incluso lo inaplazable, para ella el razonamiento era el siguiente: “¿por qué me pide eso?  ¿Acaso conmigo no quiere tener hijos?, ¿acaso está bien tener hijos con medio pueblo, pero conmigo no?”  Claro, traté de hacerle ver el lado lógico del asunto y que entendiera que no sólo era una cuestión que ella debió pensar por sí misma, sin que nadie más se lo sugiriera, sino que además, era imperativo que tomara conciencia de su actitud excesivamente celosa y se replanteara si pretendía tener un futuro con alguien que le hacía sentir tan insegura (y con muchas razones vivientes además)  De ella aprendí que hay que asumir las acciones, que pensar en uno es prioridad y que si no te sientes segura en una relación, como el título de una película, “simplemente no es para ti.” Mucha gente siente miedo o vergüenza de sus propias realidades, se sienten inferiores al resto porque cometieron un error, porque su vida no es perfecta como en las series de televisión de los 60, creen que no merecen la comprensión del resto y poco a poco dejan de sentir su propio valor como personas.  No es así, el mundo es un lugar complejo lleno de historias que contienen éxitos, decepciones y errores.  Aceptar la propia realidad, hacer lo que se pueda para mejorarla por nosotros mismos o simplemente aprender a convivir con quiénes somos son los primeros pasos para emprender el camino que lleva a la Inteligencia Emocional.  De esta manera, tendremos seguridad en nosotros mismos y se demostrará en nuestra manera de hablar, de actual, hasta de caminar… desde mi punto de vista, eso es “empoderarse.”