QUE ESPERAR CUANDO ESTAS BUSCANDO: Procesos, decisiones y excepciones…

Es completamente cierto que hay mucho que vivir, aprender y experimentar en la vida, sin embargo, hay que prestar mucha atención sobre todo cuando estamos en “transición.” Es una palabra muy optimista y positiva para identificar el momento en que podemos volvernos más negativos, dependiendo del tiempo que dure esta etapa: la búsqueda de un nuevo empleo.
Hasta aquí, como la mayoría de mis lectores y conocidos, he pasado varias veces por esa etapa y, aunque sé que mis experiencias no son las únicas ni las más significativas, considero que muchos se sentirán identificados con este relato.
Los procesos se rigen por perfiles dentro de los cuales podemos encajar o no y de eso dependerá el resultado final del proceso de selección. Muchas veces, el estar muy calificado(a) no nos hace acreedores del puesto y hay que saber identificar y reconocer nuestro propio perfil y nuestra calidad como trabajadores antes de elegir y postular a las ofertas que se publican.
He conocido personas que se sentencian a sí mismas a pseudo-trabajos por decepción, miedo a sus propias habilidades y hasta por conformismo: “Si trabajé con un Gerente General y su trato fue tan desagradable que me hizo renunciar, ¡ya no quiero saber nada con Gerencias!” “Los trabajos pagan poco y piden demasiadas habilidades y funciones, tendré que buscar algo que tenga perfil bajo y me pague lo suficiente para vivir.” “”Este trabajo no me gusta, no me pagan bien y no me siento cómoda con el ambiente, pero sólo quiero llegar a mi casa y abrazar a mis hijos y poder tener con que pagar las cuentas, allá afuera hay mucha gente con muchas competencias con las que yo no podría competir.”
Pocos tomamos riesgos, pocos entendemos lo de la zona de confort, pocos queremos encontrar un lugar para “brillar” que no signifique un castigo o un sacrificio… esa es la verdadera razón por la que he estado muchas veces en transición.
Hay entrevistas que nos hacen sentir bien, afortunadamente he experimentado muchas de ellas, donde el(la) entrevistador(a) tiene el trato y tacto adecuado para conseguir la información que necesita del entrevistado y, sea cual sea el resultado, al menos nos sentimos tratados con dignidad. Hay otras que nos hacen sentir incómodos porque el(la) entrevistador(a) toma un papel apático y casi detectivesco repreguntando cosas irrelevantes, tal vez la última frase que acabamos de expresar, con la tenacidad e incidencia que lo haría uno de los fiscales de “La Ley y el Orden” en el Gran Jurado. La realidad de las entrevistas es que, generalmente, son causa de stress y nerviosismo, pero al mismo tiempo son un “mal necesario” del que tenemos que aprender. Recuerdo una de mis últimas experiencias, era ya la última entrevista del proceso en una empresa muy grande, quiero describir la experiencia completa ya que debo indicar que, aunque no querramos verlo en el momento por la necesidad de un empleo, todo es indicativo del ambiente que encontraremos cuando comencemos a trabajar.
Llegué muy temprano (30 minutos antes), con toda la disposición de esperar hasta que sea la hora. Al entrar me acerqué al counter de Recepción, la señorita a cargo estaba muy interesada en terminar de “textear” algo en su BlackBerry, ni siquiera levantó la cabeza cuando saludé con voz clara y audible, aguardé los “10 segundos reglamentarios” (léase, esperando recibir su atención) para decirle quién soy y con quién tenía la cita. Algo contrariada, luego de un silencio incómodo que pareció interminable, miré alrededor y fui a ubicarme, por cuenta propia, en un asiento… la recepcionista continuó haciendo lo que le llamaba tanto la atención en su BlackBerry, cuando ya estaba sentándome, reaccionó, levantó la mirada y dijo: “Hola, ¿con quién? Ah! Ya le aviso.” Primera señal: ese comportamiento, abiertamente descortés y antisocial, me hizo pensar muchas cosas. Tal vez no hay un buen ambiente o a los empleadores no les interesa el desempeño de sus empleados en puestos clave como ese o ambas cosas.
Segunda señal, incluyendo y asumiendo la media hora adicional por mi anticipación, pasó 1 hora 30 minutos y yo seguía sentada, incómoda y nerviosa esperando mi entrevista. Nadie me dijo que sucedía o cuánto más se demorarían en atenderme, la respuesta de la Recepcionista a mis consultas era siempre: “ya no debe tardar.” Por último, cuando por fin llegó el momento de la entrevista, el señor que me atendió, un alto funcionario de la empresa, se disculpó por el retraso, me dijo que había tenido una reunión que no pudo terminar a tiempo. Me atendió apenas 5 minutos. Al final, cuando me dijo si tenía alguna consulta yo pregunté: “¿Qué es lo que se espera de la persona que ocupe este cargo?” Por toda respuesta me dijo: “No sé, yo no voy a ser tu jefe.” Pasé “la vida” esperando para que me entreviste alguien que no sería mi jefe y que ni siquiera sabía detalles del puesto al que yo entraría, es más, me describió el trabajo con abogados cuando en realidad sería con economistas.
La lección: si el trato no es bueno en calidad de “cliente” no lo será en calidad de “empleado.” Lamentablemente, pude comprobarlo un poco más tarde. A pesar de las señales, mi necesidad de empleo fue mayor y acepté el trabajo. Sin embargo, me di cuenta que no fue una buena idea y decidí seguir sólo el tiempo prudencial para ganar una “línea de currículum.” El ambiente no era bueno, los colegas en el mismo nivel veían con recelo colaborar con el resto, una verdadera jungla con “el origen de las especies” en vivo, los jefes vivían en una burbuja tan lejana que la primera semana de trabajo prácticamente sólo los conocía de nombre y por e-mail. Tuve que buscarlos en sus oficinas y esperar que estén disponibles para presentarme ante ellos y consultarles que tipo de apoyo esperaban de su Asistente Administrativa. Desde entonces, considero entre mis prioridades de búsqueda que la empresa en la que colabore laboralmente tenga un buen ambiente de trabajo y que otorgue verdaderas oportunidades de progreso para sus empleados.
Mayor atención se debe prestar a las ofertas de empleo anunciadas. Algunas ofertas se publican cada cierto tiempo, cada año, lo que significa que algo debe andar mal en la empresa, en el área o en el trato con los jefes. Definitivamente, recomiendo: tener siempre “un ojo” en el mercado laboral (aun si no estamos buscando empleo) y desconfiar de aquellas ofertas “frecuentes.” Hablando de desconfianza, también existen aquellos procesos ficticios, sobretodo en empresas exitosas y grandes, dónde cuentan ya con el(la) “candidato(a) elegido(a)” y publican y convocan a un proceso sólo como “formalidad.” Debo aclarar que no estoy en contra de lograr un empleo por contactos, quiénes tienen esa suerte están en todo su derecho, pero si estoy en contra de ilusionar y jugar con las expectativas de quiénes estamos en la difícil situación de estar en transición. De mi experiencia quiero compartir cómo podemos identificar esos falsos procesos y, si bien es cierto nadie despreciaría una aparentemente buena oportunidad, cuando menos podemos ir con cuidado y no hacernos tantas ilusiones para no decepcionarnos. La primera cosa “extraña” fue que, al contactarme por primera vez, el interlocutor me habló directamente sobre TODOS los beneficios de trabajar en esa empresa: el sueldo, horario atípico y muy cómodo, bonos, seguros, beneficios extra, utilidades, con montos aproximados y/o exactos que harían que cualquiera que se respete no sólo acepte participar del proceso sino que, además, empiece a rezar todos los días por lograrlo. Luego de unos días, me volvió a contactar para darme la fecha y hora de la entrevista. Me preparé a conciencia, siguiendo el protocolo que debemos seguir para las entrevistas: investigación, organización y presentación. El día de la entrevista llegué temprano, como siempre, me atendieron dos funcionarios de la empresa en Lima y tres funcionarios de provincia via video-conferencia. Me dijeron que la primera entrevista era “sólo para conocerme” y que luego se pondrían en contacto para continuar con el proceso y las pruebas acostumbradas. La entrevista duró un poco más de lo que ellos esperaban, mis respuestas eran precisas, inteligentes, prácticas y al mismo tiempo naturales. Me sentí bien de mi desempeño y las caras de mis entrevistadores demostraban complacencia y satisfacción. La tarde siguiente, me llamó el contacto, con voz apenada e incómoda, para decirme que “ante todo, quería primero decirme que mi desempeño en la entrevista fue muy bueno, que todos estuvieron gratamente sorprendidos con mi desenvolvimiento, que es un gran valor que no debo dudar que tengo, pero para éste proceso, buscaban alguien con experiencia en empresas mineras y que tenga residencia en la provincia (dónde se ubicaba el campamento)” Para mí, está claro que esa era información que se podía obtener de mi currículum, sin necesidad de involucrarme en el proceso si no cumplía con los requisitos.
Conclusión: tanto con los procesos “bomba” como con las entrevistas pesadilla y los trabajos decepcionantes es poco lo que podemos hacer para evitarlos, salvo ser conscientes de que existen. Todas las empresas anuncian gratos ambientes laborales y oportunidades, pero sólo podremos saber si los tienen o no cuando trabajamos en ellas. El punto es que, en cuanto a las entrevistas y procesos, hay que vivirlos para aprender de ellos. Espero haber contribuido, aunque sea un poco, para que alguien más sepa cómo enfrentarse a ciertas situaciones.

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3 pensamientos en “QUE ESPERAR CUANDO ESTAS BUSCANDO: Procesos, decisiones y excepciones…

  1. Muy exacto relato de la experiencia de la búsqueda laboral. Cuantas veces me di cuenta durante entrevistas, que era parte del relleno del proceso. Y con cuanta decepción me quedé por haber vivido tanto entusiasmo.
    Es una transición dura, con emociones contrariadas.

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    • Así es @Patricia, definitivamente este periodo de transición es el más duro para mi también, después de mucho tiempo. Creo que lo único que queda es no bajar nuestras propias expectativas y tener siempre en mente lo que valemos… No es cuestión de nada acumular experiencia, talento y capacitación, hagamos que cuente y que valga la pena!

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